En este blog os hablaré de las cosas que me apasionan: viajar, leer, los hoteles, restaurantes y los sitios bonitos. No hay nada mejor que poder 'disfrutar' de ello con mi pareja, familia y amigos.


martes, 29 de septiembre de 2026

Pasarelas de Panticosa: un plan para disfrutar en familia o con amigos

Hay planes que, sin ser demasiado complicados, terminan convirtiéndose en un día de esos que recuerdas. Las Pasarelas de Panticosa son uno de ellos.


La excursión comienza en Panticosa, junto a la zona de la telecabina, desde donde nos dirigimos hacia el inicio de las pasarelas. A partir de ahí, el camino empieza a ganar altura y poco a poco nos vamos adentrando en un entorno de montaña precioso, siguiendo el curso del río Caldarés.



Y es precisamente ahí cuando empieza lo divertido: caminar por las pasarelas, entre paredes de roca, agua y unas vistas que hacen que tengas ganas de parar cada poco.


Uno de los puntos del recorrido que más me gusta es el Mirador, desde donde puedes disfrutar de una bonita panorámica de Panticosa y del entorno.



Es un buen momento para parar, respirar un poco y, por supuesto, sacar la cámara. Porque si hay algo que tiene esta excursión es que prácticamente en cada tramo encontramos un rincón que merece una foto.



Si vais con niños, un detalle importante, a tener en cuenta: los menores de 7 años y los niños que midan menos de 130 cm no pueden acceder a las pasarelas.
Los menores de 12 años tienen que ir acompañados por un adulto, así que es importante comprobar estos requisitos antes de ir.

¿En qué época del año?
Es un plan estupendo para primavera, verano u otoño. El paisaje cambia con cada estación y eso hace que la experiencia sea diferente.
Lo importante es elegir un día con buena previsión y disfrutar del recorrido sin prisas. No hace falta planteárselo como una ruta deportiva; aquí la gracia está en disfrutar del camino y del entorno.


Y después, a comer
Y como una buena excursión siempre termina mejor alrededor de una mesa, podéis acercaros después a Restaurante Casa Belio, en Panticosa, para comer y poner el broche final al día.


Un plan bastante redondo: montaña, naturaleza, un poquito de aventura, buenas vistas, tiempo con familia o amigos y una buena comida para terminar.

Las Pasarelas de Panticosa son de esos lugares que merece la pena descubrir y guardar en la lista de próximos planes.
Hay caminos que se recorren con los pies y otros que se quedan para siempre en la memoria. Las Pasarelas de Panticosa, son de los segundos.



martes, 15 de septiembre de 2026

Córcega del Este y el Sur: carreteras con curvas, playas de postal y rincones que no se olvidan


Hay viajes que uno recuerda por las fotografías que hizo. Y luego está Córcega, que recuerdas por las sensaciones.


La primera vez que recorres la costa este y el sur de la isla, uno tiene la sensación de que se ha exagerado algo con los colores: el intenso azul del mar, el blanco de la arena, el verde de las montañas… Pero es que Córcega es así. 
Eso sí, hay algo que te interesa saber antes de ir: las distancias engañan. Las carreteras tienen muchas curvas, son interminables…. y llegar a determinadas playas puede llevar más tiempo de lo que crees.

Bastia, una ciudad para empezar sin prisas

Bastia, merece mucho más que una parada rápida. Su puerto, las calles del casco antiguo, las fachadas de colores y las terrazas hacen que sea una ciudad perfecta para comenzar el viaje. Lo mejor es caminar, perderse un poco por sus calles, subir a la ciudadela, sentarse a tomar algo y cenar en el puerto.




Porto-Vecchio

Cuando uno llega aquí, empieza a comprender por qué el sur de Córcega tiene tanta fama. La ciudad tiene un bonito casco antiguo, restaurantes, terrazas y una marina donde apetece pasear al final del día.



Desde Porto Veccio podrás acceder a las playas más bonitas del sur:

Palombaggia 

Es probablemente una de las playas más famosas del sur. Arena clara, agua transparente, tonos turquesa y pinos junto a la costa. Parece una fotografía retocada, pero cuando estás allí te das cuenta de que el paisaje es realmente así.


Es una playa muy conocida, y en temporada alta está algo más llena. Aun así, merece la pena acercarse. Además, hay varios chiringuitos y restaurantes donde puedes parar a comer o tomar algo prácticamente al lado del mar. Te recomiendo Playa Baggia pero no te olvides nunca de reservar.



Santa Giulia, el pequeño Caribe de Córcega

Si Palombaggia te sorprende, Santa Giulia directamente parece una playa caribeña. Su laguna, sus aguas poco profundas y ese color azul turquesa hacen que sea una de las playas más bonitas de esta parte de la isla.


Es perfecta para pasar varias horas bañándote, o practicando snorkel… caminar por la orilla, comer en alguno de los restaurantes de la zona como Bar Plage y simplemente disfrutar del paisaje.


Eso sí, en verano el aparcamiento y los accesos pueden ser complicados. Por lo que te recomiendo ir temprano.

Rondinara, una bahía de película

Rondinara es una playa que parece dibujada, un agua tan tranquila y rodeada de vegetación, es como estar en una postal.
Debes tener un poco de paciencia para acceder a ella, muchas curvas y una subida importante, pero cuando llegues te darás cuenta que ha merecido la pena.


Bonifacio, el gran imprescindible del sur

Un lugar que no te puedes perder es Bonifacio. La ciudad está construida sobre unos impresionantes acantilados de piedra caliza que caen directamente sobre el Mediterráneo. Las casas parecen estar colocadas al borde del vacío y las vistas son espectaculares.


Pasear por la parte alta es imprescindible, hay un trenecito que accede a la parte más alta, pero también recomiendo bajar hasta el puerto y, sobre todo, ver Bonifacio desde el mar. Porque desde el barco la ciudad cambia completamente. Los acantilados impresionan y puedes apreciar mucho mejor cómo están construidas las casas sobre la roca. Para ello una de las excursiones que más merece la pena hacer es la de las islas Lavezzi.


Excursión en barco a las islas Lavezzi

El trayecto en barco ya es parte de la experiencia. Poco a poco vas dejando atrás Bonifacio y empiezas a contemplar la costa desde el agua.
Los acantilados vistos desde el mar son una maravilla., Córcega hay que caminarla, conducirla, bañarse en ella y también verla desde el mar.


Cuando llegas a las Lavezzi, el paisaje cambia. Aparecen enormes rocas de granito, pequeñas calas y un agua increíblemente transparente.



Córcega no es un destino para correr. Hay que conducir despacio, disfrutar de los paisajes y aceptar que algunos desplazamientos van a llevar su tiempo. Y, sobre todo, no intentaría visitar demasiadas playas en un solo día. Es mucho mejor elegir una cada día, disfrutarlas tranquilamente, olvidarse del reloj y dejar que el día fluya.

Córcega es una isla de una gran belleza, yo diría que una mezcla de Francia, Italia, Los Alpes y el Caribe. Y cuando llega el momento de marcharte, probablemente ya estés pensando en cuándo volver.