Cracovia es de esas ciudades que te atrapan por su historia. Llegué sin demasiadas expectativas y terminó sorprendiéndome muchísimo.
El centro es de esos lugares donde uno levanta la vista cada dos pasos. Calles empedradas, fachadas impresionantes y una plaza llena de vida. Aquí te encuentras con la impresionante
Basílica de Santa María, y si afinas el oído, cada hora suena una trompeta desde una de sus torres, cuenta la leyenda que el trompetista fue alcanzado por una flecha mientras avisaba de una invasión.
Muy cerca, aún quedan restos de las antiguas murallas, como l
a Barbacana de Cracovia, que te ayudan a imaginar cómo era la ciudad siglos atrás.
Luego está el
barrio judío, Kazimierz, que tiene otra energía. Más alternativo. Aquí las historias no están solo en los museos, están en las paredes, en los bares, en los detalles. Es un lugar que invita a perderse sin mapa, a entrar en sitios al azar y a quedarse más tiempo del previsto.
Este barrio que sirvió de plató para la película "La Lista de Schindler" de Steven Spielberg, fue una de las áreas que más sufrieron durante la Segunda Guerra Mundial. Cruzando el río Vístula a través del puente del Amor, se encuentra
Podgorze, el antiguo gueto judío, donde se encuentra
la Plaza de los Héroes del Gueto, en honor a las víctimas del Holocausto.
Uno de los imprescindibles es subir a la colina de Wawel para visitar
el Castillo de Wawel y la Catedral de Wawel. Historia, arquitectura y unas vistas que merecen la subida.
Y justo abajo, junto al río, te espera una de las sorpresas más curiosas:
el Dragón de Wawel, que cada cierto tiempo escupe fuego como si siguiera defendiendo la ciudad.
Para cambiar de perspectiva, nada como un
paseo en barco por el Río Vístula. Ver Cracovia desde el agua le da otro ritmo, más tranquilo, más contemplativo.
Pero no todo es paseo ligero. Hay momentos que pesan. Una excursión a los campo de concentración, no son algo bonito, pero sí necesario. Sales en silencio, con muchas cosas dando vueltas en la cabeza y con esa sensación incómoda pero importante de no olvidar.
O la visita por
la Fábrica de Schindler para descubrir la historia de este empresario que arriesgó su vida para salvar a miles de judíos.
Como contraste, te aconsejo hacer alguna excursión como a
Zakopane, una encantadora ciudad enclavada en los montes Tatras, y subir en funicular a la cima de la montaña Gubaowka, a más de 1100 metros de altura para disfrutar de una preciosa panorámica, la cordillera que hace frontera natural entre Polonia y Eslovaquia. Montañas, aire limpio y ese paisaje que parece diseñado para resetearte. Después de unos días en la ciudad y de historia intensa, caminar por allí se siente diferente.
y visitar pueblos como
Witow y Choholow con sus casitas con
tejados de madera típicas y degustar el queso local (oscypek)y licores.
Porque la comida también juega su papel. Hay que probar el
żurek, de carne, muy contundente que reconforta después de un día entero caminando.
Y si puedes, date el capricho de comer con vistas al río en un sitio como
Roof Terrace Kraków, donde la experiencia es casi tan importante como el plato.
Para descansar, una apuesta segura es el
Radisson RED Krakow, moderno, bien ubicado y perfecto para recargar energía entre jornada y jornada.
Anímate a visitar Cracovia, te envuelve con su pasado desde el primer momento. Merece la pena,
un viaje que te hace pensar.
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